martes, 4 de enero de 2011



El mar estaba tranquilo aquella mañana, las olas eran suaves, y la inquieta sirenita se balanceaba en su interior. Los pequeños baibenes de agua le acariciaban el cuerpo humedecido haciendo que la espera, fuese más amena. Mientras, desde la orilla, la playa se veia llena de actividad. Y en su interior se preguntaba como habìa llegado allí. Miles de veces le habìan prohibido acercarse al mundo exterior, pero su curiosidad habìa sido más fuerte. Y por ello se encontraba en aquel lugar, esperando a su amado y esperando no ser descubierta.

De repente, entre la múltitud lo supo reconocer, era él. El muchacho miro hacia el horizonte y la busco con la mirada y ella comenzo a mover los brazos con energia, sin poder gritar para no ser descubierta. En un instante él se coloco las atletas y le hizo un ademan con la mano. Se lanzo al agua y fue a su encuentro.

Una vez juntos, se cogieron de la mano y se sumergieron hasta las profundidades. Donde no tardaron mucho tiempo hasta llegar a su refugio, una cueva en el fondo del mar. Salieron a su superficie y se escondieron en ella durante horas. Fundiendose en un beso, fundiendo su amor con el mar que les rodeaba.

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